Son los sitios nocturnos donde hablamos dolor
abiertamente.
Voraces en lo incierto los relámpagos,
nos vuelven a ese afuera donde acecha lo trágico,
lo triste del alcohol, la caricia más sórdida,
su hiena de recelos.
Voraces en lo incierto los relámpagos,
nos vuelven a ese afuera donde acecha lo trágico,
lo triste del alcohol, la caricia más sórdida,
su hiena de recelos.
Brindo solo y celebro.
¡Qué importa si alguien ríe!
Igual mi herida es amplia y confortable.
¡Qué importa si alguien ríe!
Igual mi herida es amplia y confortable.
Aquí, en este bar, nublaron los espejos,
y afuera sin piedad, la suerte es vieja.
Dos tragos de mi ausencia,
en las ahumadas y lluviosas mentes,
mordiendo traen en sombras perros fieles.
